15 julio 2013

Sueño de un 16 de julio



Supongo algún día alguien podrá explicarme por qué tengo sueños tan raros. 

Quiero pensar (me lo digo diariamente) que es algo que comí, que en realidad mi imaginación no está tan desbordada y que… de alguna forma Sí tengo los pies sobre la tierra... nomás.

Luego me entra la duda, especialmente cuando 100 convencida le cuanto a mi tía que YO SI ME QUIERO CASAR PARA SIEMPRE y entonces su mirada cambia de tierna a “pobre ilusa”.

En fin… me digo, eh sobrevivido ya bastantes primaveras siendo como soy que no creo que el vivir en las nubes ya sea un problema en mi vida. Al fin y al cabo, eh aprendido a sobrevivir en la selva de cemento con mi loca forma de ser.

Hasta ahí todo bien… pero y los sueños?

Los hay “apocalípticos”, a veces el lago se desborda e inunda la ciudad, a veces es un meteorito, a veces es el sol que aumenta de tamaño y genera mucho calor, la mayoría de las veces son naves alienígenas. Sea como sea se acaba el mundo en sueños y yo solo corro, aunque sé que correr no va a arreglar nada.

Los hay románticos “raros”, como cuando (y quien sabe porqué) termino “relajeando” con Beto Cuevas (siempre es Beto Cuevas) y me levanto con la idea de que hay que inventar una máquina para grabar los sueños, que ganaría una fortuna reproduciendo mis “affairs” y que son mejores que cualquier película cómico/romántica “hollywoodense” (unas veces es Beto invitándome a subir al escenario, en otras aparece en una disco, en otras me busca en Facebook y se enamora de mi foto!).

Sin embargo hay uno mejor, un sueño que por más que quiero no puedo volver a replicar.

Es el 2009 y ahí estoy yo hecha trizas en un cuarto de dos por dos. No hace ni 1 semana que estoy “sobreviviendo” en Cochabamba y ya no puedo más del amartelo, extraño todo: mi casa, mis padres, mi hermano, mis perros, mi frío paceño, mis chalinas de colores y mi Illimani… especialmente mi Illimani, tan nevado de mi alma, tan cómplice de mis noches extrañas.

Es el 2009 y me meto a cama con los ojos rojos e hinchados de tanta añoranza y entonces sueño… y sueño con él, con mi Illimani que en mis sueños es un chico de 17 años morenito de ojos de vicuña y risa contagiosa.

En sueños lo amo y en sueños me ama y en sueños me canta y es su canción la que me trae alivio; me besa y es su beso frío el que me quita la fiebre y me trae confort.

Decir que me levanté y NO lo busqué es mentir. Claro que lo hice, lo busqué en todas las caras, en todos los colores, en todas las esquinas pero acá no está. Está allí en mi La Paz amada a la que vuelvo cada dos semanas simplemente porque estoy atada a ella, a su frío y a su Illimani hermoso.

Hoy, 15 de julio, en La Paz, todos saldrán a festejarte mi linda ciudad (llenos de chalinas, “enchamarrados”, frotándose las manos y tiritando de frío), todos menos yo que me hallo en el exilio.

Pero no te creas que te olvido, ni a ti ni a tu hermoso Illimani.

Hoy te recuerdo a punta de rock muy paceño y con el mismo tema que un día me cantó un Illimani … en sueños.

12 junio 2013

Hablemos, usted y yo. Hablemos de miedo


Ahí estoy yo, esperando que empiece la película (que debido a “problemas técnicos” femeninos, caprichosamente la quiero ver en tele abierta con todo y el millón de propagandas que esto significa) mientras mi dulce novio me mira confundido. 

Lo miro de reojo y por un momento me cuestiono si es que seré de gustos muy raros, pero el cuestionamiento dura lo que dura un parpadeo. 
Me recuesto en la cama, acomodo mi almohada y me relajo. Hoy me siento super fea, medio triste, medio furiosa, y medio con ganas de matar, así que bien vale la pena mimarme un poco y ver si así me siento un tanto mejor.

Sé que en la lógica lo ideal sería acurrucarme en los brazos del novio y ver alguna película melosamente romántica.

Y sí, acurrucarme en los brazos del novio suena bien (lo de la peli romanticona…. suena hasta por ahí), pero sé que si lo hago terminaré irremediablemente adormilada y hoy no se puede, hoy debo estar despierta y con los sentidos agudizados.

Hoy toca sentir miedo y dejar que éste me erice los vellos de la nuca.

Es tarde de terror.

El terror y el horror son géneros que definitivamente me encantan. No existe mayor placer en este mundo que sentarme en la mecedora de mi má, con alguno de mis cuatro perros en el regazo, un termo con té negro y un buen libro de Stephen King. Si bien existen otros autores y otros géneros que me llegan al alma (Fuguet… te llevo entre sístole y diástole), no hay nada mejor para fugar del mundo que llenarme de estremecimientos y frío en la espalda con lecturas terroríficas. 

King de preferencia.

Qué porque terror?, Esta es una pregunta que me hice muchísimas veces, especialmente cuando llega la Feria del libro y me dedico a preguntar en los estantes si es que tienen algo de King (lo que sea: nuevo, viejo) y vislumbro cierta perplejidad en el rostro de las vendedoras (de las que saben de libros, de las otras mejor ni opino).

Es tan malo que nos guste el terror? Es patológico, me hace extraña/freaky/psicópata?

No hace mucho conseguí un libro de King que faltaba en mi colección, se llama “El Umbral de la Noche” y es un compendio de cuentos (de los más macabros), muchos de ellos ya poseen una versión "cinematográfica" (que no le llega a los talones a los cuentos, sea dicho de paso). El libro es muy bueno de verdad pero, y puedo pecar de iconoclasta (palabra que aprendí leyendo tal libro), no fueron los cuentos precisamente lo que más me gustó, sino el Prefacio del Libro, mismo que empieza con un: “Hablemos, usted y yo. Hablemos de miedo…”

En dicho prefacio King explica un poco (sin mosquearse eso si) el porqué de su afición a escribir libros de terror pero aún más (y siendo que la gente le pregunta el “por qué” con cara de: usted debe estar loco o mínimamente debe ser un poco “oscuro”) cuestiona el que, siendo que la temática es “tan mal vista”, la gente lo lea, la gente lo disfrute.

King, cree haber hallado la razón: “Creo que la clave de esto podemos encontrarla en un fragmento de una crítica de cine de la revista Newsweek. Se trataba de un comentario sobre una película de terror, no muy buena, y decía más o menos lo siguiente: «...una película estupenda para las personas a las que les gusta aminorar la marcha y contemplar los accidentes de carretera». Es un buen juicio cáustico, pero cuando uno se detiene a analizarlo comprende que se puede aplicar a todas las películas y relatos de terror…”

“Lo cierto es —y la mayoría de nosotros lo sabemos, en el fondo— que muy pocos podemos dejar de echar una mirada nerviosa, por la noche, a los restos que jalonan la autopista, rodeados por coches patrulla y balizas…”

Es cierto, Stephen King no está descubriendo la pólvora pero nos muestra (quiera el lector o no) que la afición al terror  ni es tan rara, ni tan anormal y mucho menos significa que el lector es un enfermo mental, es simple y sencillamente parte del ser. Y bien si la gente prefiere desentenderse de él y pretender que no le gusta, hay una verdad absoluta: a la hora de la verdad, todos queremos “aminorar la marcha y contemplar los accidentes de carretera” (algunos de forma mas gore, otros de forma más sutil pero al final, es casi lo mismo).

Ok entonces es solo morbo?

Según el profesor Glenn Sparks, director asociado de la Escuela de Comunicación Brian Lamb de la Universidad de Purdue, una de las razones por las que la gente ven una película de terror es por el “después”, es decir, por la sensación que queda después de acabar de verla, ya que mientras visualizamos este tipo de films aumenta nuestro ritmo cardíaco, nuestra presión arterial y nuestra respiración. En definitiva, aumenta nuestra excitación, y esto persiste al haber acabado la película. (párrafo extraído de http://www.medciencia.com).

A punto de acabar la película (PULSE, no sé si recomendarla) me doy cuenta que el efecto esperado (escalofríos, aceleración del ritmo cardiaco y … más que nada, disfrute de la película) no se dio del todo. NO sé si fue la trama (y.. hasta por ahí), el hecho de que el ambiente no era necesariamente el más terrorífico (besitos con el novio y risas por todo lado) ó que definitivamente NO es posible ver películas con cortes comerciales (simplemente se rompe el ambiente y ya nada es creíble).

Suspiro, habrá que salvar la película con algo de “verdadero terror”, del que surge de la propia imaginación… y te eriza la piel si la historia es buena…

Mr. King, esta noche tenemos una cita. 

(para aquellos que quieran leer el Prefacio completo Y POR SUPUESTO LOS CUENTOS, acá les dejo un link para bajar el libro El Umbral de la Noche . OJO NO ES PIRATERÍA!!! es un desesperado método para conseguir libros que de otra forma jamás leeríamos)

04 junio 2013

Los artistas las tienen bien puestas



Recuerdo el complot:

Mi padre en una esquina, serio, la mirada fija en mi mirada.

Yo … un MUNDO de confusión, preguntándome por enésima vez si es que iba a atreverme, si es que podría atreverme y si es que en realidad YO estaba de acuerdo.

     - Lucybel  – me dice mi padre – ya que a mi no me hace caso, y ustedes son tan unidos, solo quedas tú para hacerle entrar en razón.

     - Pero…  -  dudo – él es muy bueno en lo que hace,  no entiendo porque es que necesitaría estudiar arquitectura, y a todo esto que dice la mam…?

     - Porque del arte no se vive en Bolivia – me interrumpe mi padre – porque por mucho muy bueno que sea, si no estudia algo “productivo” será un fracasado.

Recuerdo la tarde que salí con él, con mi hermano, recuerdo pasar por la carrera de Arquitectura y recuerdo parar unos minutos, dar la vuelta,  escrudiñar los ojos de mi hermano… y quedarme muda.

Recuerdo a mi hermano y sus diecisiete años, diciéndome en tono de risa, que no entendía como es que mucha gente que ama dibujar, pintar, soñar y plasmar sus sueños en lienzos terminan en arquitectura, como si fuera lo mismo, como si dibujar un sueño en pasteles fuera igual a dibujar un edificio regido por metros y estructuras.

Recuerdo sonreír, y decirle que mejor vayamos por unos helados y aunque lloviznaba y el helado era de última… nunca me supo mejor, nunca fue tan dulce, fragante y cremoso pues me sabía a “lo correcto”,  a “me soy fiel a lo que pienso” pero aún más, tenía el delicioso sabor de la “certeza infinita” de que mi hermano tenía muy claro lo que quería, que ni yo, ni nadie hubiera podido torcer su camino trazado desde el momento que levantó un lápiz.

Como era de esperarse, la relación con mi padre nunca más fue la misma pues era clara mi traición y era aún más claro el hecho de que él ya no tenía el control, ni de mí, ni de mi hermano. 

Hoy, muchos años después, muchos premios después, muchas publicaciones después, leo el artículo del periódico dedicado a mi hermano En el Taller de Ruilova y no puedo más que sonreír e hincharme de orgullo.

Hay una verdad absoluta, sí es posible vivir del arte: es complicado, es muy difícil, es mucho más sencillo estar en un cubo repitiendo la misma tediosa y mecánica labor día tras día que crear y exponer y vivir de ello. SI, ES COMPLICADO, pero no es imposible.

Y se necesita muchísimo valor.

No hace mucho un “héroe” mío (Ramón Rocha Monrroy) escribía sobre la tortura que implica el cobrar por el trabajo realizado (él es un excelente escritor/cultor de sueños) y es que, no solo es difícil vivir del arte en Bolivia (difícil, no imposible) si no que encima el trabajo que ellos realizan es tomado… como un favor. 

Supongo que viéndolo así, hay muchos y serios motivos como para que los padres no quieran que sus hijos estudien algo que no sea “universitario”  pero…  no sería mejor ayudar a difundir la importancia de las artes en el desarrollo de los pueblos a obligar a los chicos a meterse en carreras en las que, por obvias razones,  serán muchísimo muy mediocres? (eso si salen de la U), infelices? y por ende, más que apoyo a la sociedad serán un problema más para ella?.

No sé como van las cosas en otros países, pero en el mío existen abogados para empedrar las calles, doctores que manejan taxis, auditores vendiendo mercadería metida de contrabando, y la tasa de desempleo se dispara a límites insospechados. 

Podría apostar mis pocos cds originales a que muchos de ellos hubieran querido ser artistas en vez de “licenciados” o “ingenieros”. 

A que viene el desprecio a las artes?, a que estas son vistas como meros pasatiempos, como expresiones “elitistas” con el único fin de escapar de la realidad (si por mi padre hubiera sido, esta bloguera hubiera leído solo “El Capital”, “El Anticristo” de Nietzche y nada más, toda la literatura de orden “fantástica” era vista como “opio” para mentes frágiles). Nada más falso, las artes son instrumentos que definen a la persona como ser individual y como parte de un conjunto, son herramientas que permiten un desahogo emocional necesario en un mundo que no da tiempo para nada más que no sea la productividad “monetaria”.

Sobre el Dibujo en los niños, por ejemplo, Viktor Lowenfeld, profesor de educación artística que ayudó a definir y desarrollar este campo en los Estados Unidos decía: “Un niño que afectiva y emocionalmente es libre y no está inhibido respecto a la expresión creadora, se siente seguro para afrontar cualquier problema que derive de su experiencia. Se identifica con sus dibujos y se siente independiente para explorar y experimentar, no teme, no comete errores, no se preocupa por el éxito o la gratificación.
La experiencia es suya y la intensidad de compenetración proporciona un factor importante en este desarrollo emocional o afectivo”.

Soy la hermana de uno de los mejores artistas contemporáneos de los últimos tiempos de mi país, y puedo asegurar que cada una de las palabras descritas en el párrafo anterior es 100% verídico.

Hoy, mientras observo la portada del periódico del domingo (un dibujo de mi hermano la llena por completo), pienso en el complot.
Gracias a Dios… en el fallido complot.

27 mayo 2013

POST - APOCALIPSIS ETÍLICO


A regañadientas y más que nada porque tengo que hace mi web checking en algún ciber-café (para no estar a las 6 de la mañana en el aeropuerto, sino una hora más tarde), respondo con un desganado “si” a la sugerencia de mi hermano de salir y “dar una vueltita”.

     - Maldita sea el día que regalé mi impresora – me digo mientras me abrigo y cambio mis zapatos de “entre casa” (los zapatos de lona más viejos del mundo) por botas de goma.
No señores, no llueve, o al menos no lo hace de la forma convencional… es otro el “liquido” que no deseo en el botapié de mi pantalón ni en la lona de mis zapatos (por más viejos que sean).

Hoy es el día después de la “Fiesta del Gran Poder”… y las calles son pegajosas de orín y cerveza.

La caminata hacia el ciber-café se me hace eterna y ya a dos cuadras de la Avenida me hallo 3 veces arrepentida.

Mi hermano no da más de gusto, y es que resulta que tiene, muy en el fondo, alma de sociólogo. Todo esto le fascina y es que debo admitirlo, es como estar en otro mundo.

Pasa un niño con el cabello moteado entre rubio y negro (motas rubias sobre cabello negro) y cascabeles en las botas, agarrado de la mano de una chica con facciones muy autóctonas que no combinan con el platinado del cabello y las pestañas larguísimas de un azul muy fuerte.

Mi hermano reprime una risa y me señala a una especie de “Dick Tracy” (así es la ropa) de rosado (de punta a punta) que sumamente borracho hace zetas en la calle al son de alguna canción que es audible solo para él.

Vira para mirarnos, y la cara y la expresión del rostro no es narrable. Los colores no concuerdan con las lágrimas en los ojos que son borrados de un sopapo por la “damicela” al lado suyo.

     - Avanzá te digo!!! – le grita en la oreja mientras es coreada por 7 u 8 féminas (todas de pollera lila y amarillo con manta de mariposas negras) que no dan más de borrachas.

Un taxista avezado toca el claxon tratando de abrirse paso entre la muchedumbre, y es rodeado inmediatamente por una tropa de bailarines. La calle se halla cerrada a los autos, pero no es porque así lo dispusiera alguna autoridad, es solo que los bailarines se apoderaron de las calles y no hay persona que los saque de acá. Rebelarse es imposible.

El taxista no cesa en su empeño hasta que un “platillero” de la banda que acompaña a los bailarines, se pone al lado suyo y le brinda un “solo” que dejaría sordo a cualquiera.

     - Además, hay una tarima en la otra cuadra – dice alguien al lado mío – no va a pasar.

Volteo a ver al que dio la información; no pasa de los 15, lleva plumas en el cabello y la cara pintada como “apache” que de todas formas no disimula el morado del trago.

Es la “tónica” de esta tarde post-fiesta: Caras hinchadas, labios deformados, los rostros morados y la vestimenta colorida que en nada secunda el ánimo de quienes las visten.
Recuerdo una clase de historia en colegio, y la justificación del porqué nos atacaron allá en 1879.

     - Resulta que era el carnaval y estábamos celebrando– dijo la profe y como si eso explicara todo, pasó a otro suceso histórico de importancia.

Yo me quedé con un signo de interrogación que aún hoy en día vuelve cada que se acercan las fechas de “expresiones artísticas de alto folcklore” en mi país.

Primera “?”. No hace ni una semana que estábamos a los dinamitazos en las ciudades pidiendo una renta de jubilación JUSTA, que parecía no llegaría a su fin y de pronto se dio un cuarto intermedio … para irnos todos de fiesta?

Segunda “?”. Se habla de extrema pobreza, de indigentes que se mueren de hipotermia por dormir en las frías calles de La Paz y por otro lado TAMBIEN se habla del gasto de medio millón de dólares que realizó el “preste mayor” (el anfitrión) de esta fiesta.

Tercera “?”. Se habla del racismo y la descolonización y acá están ellas, todas son tan rubias, todas tan de ojitos verdes de vidrio, todas maquilladas de un blanco/rosado. Allí están ellos maltratando a los “recién llegados del campo”, cambiándose al apellido de Mamani a Maisman, de Quisbert a Gisbert.

Me miro en el vidrio de un restaurant: con mi cabello negro, mis ojos negros, mi piel color café con leche y me salta el signo de interrogación.

No entiendo el Gran Poder, no entiendo el Carnaval porque no me trago el cuento de “alegría y distendimiento”, porque siempre me supo a “tapar el solo con un dedo”, siempre me supo a “restregarle la plata que tienen” a otros que no la tienen, porque escucho una banda y los veo morados y llorosos como si todo el trago no pudiera borrar una realidad que no terminan de aceptar … y me llega el olor a orín y cerveza que es la verdadera esencia de estas fiestas.

Volteo a comentarle a mi hermano pero él me interrumpe  encandilado:

     - Che Lu, donde será que está Jareth no?
     - Jareth? – digo yo confundida.
     - El Rey! - me dice él - hoy todos son Goblins!!!! - y rompe en risa.

24 mayo 2013

“EN EL NOMBRE DE LA U”


Y un día Humberto Eco habló, y dijo nomás lo que tenía que decir, guste a quien le guste.

Levanto mi cuchara y me quedo observando los ingredientes de mi arroz: arroz retostado en aceite vegetal, arvejas, zanahoria, cola de cebolla, un huevo, sal y un cacho de azúcar y me pregunto por enésima vez QUÉ de todo lo que estoy comiendo será lo que me mate en un futuro:

-          El aceite vegetal? ( y todos los conservantes que contiene)

-          Las verduras?, llenas de pesticidas y/o aguas contaminadas con minerales pesados? (y en La Paz se “descubrió” que los tomates tiene cromo – al  mismo tiempo se me vino como un flash Erin Brockovich y se me pararon los pelo de la nuca -)

-          El huevo? (esas gallinas tienen más hormonas que el gay más extremo!)

Me digo : Lu, al menos todo es natural  y sonrío ante mi evidente “automentira” Si Lu, todo es natural, pero eso  no es garantía de que sea saludable, tú lo sabes, yo lo sé, Humberto Eco lo sabe y no veo porque el resto de la gente no lo pueda saber.

Un día Humberto Eco habló y dijo que la Universidad debería volver a ser elitista, que ya eran muchos los “universitarios”; que encima de todo ahora hay internet y que por lo tanto el papel del docente está como que “demás”.

Es cierto? Será posible que el autor de “El Nombre del Rosa” viva tan, pero tan , pero tan en su mundo medioeval que no llegue a entender las implicancias que tiene el que: el conocimiento, el “saber”, se halle en manos de pocos?.

Queda Italia tan lejos del mundo? o es solo él el que se encuentra lejos de la realidad.

Mi actual trabajo me permite realizar ciertas comparaciones entre países y si bien yo pensé que la cosa estaba feeea en mi Bolivia, Qué re jodida que está en otros lugares!!!!  y sin ser una erudita en sociología puedo afirmar 100% a que la ecuación “a menor educación, mayor pobreza” no puede ser más evidente, al igual que ecuación “a menor educación-mayor mortandad”.

Ok Ok… me dirán que Humberto no se refería a la educación “per se”, si no a la educación superior.

Pero señores… se puede llamar “educación productiva/efectiva” la educación básica?, me hace menos pobre, más saludable el saber leer y escribir?. Es suficiente?.

Miro mi arrocito y me pregunto que estará comiendo el amigo Humberto, serán arvejas de lata?, gastará n plata comprando comida “orgánica”?.

Sabrá Humberto que mucha de su comida viene de este lado del mundo y que, sin educación (buena educación), barata y buena para todos PODRÍA darse el caso que de acá a unos años se quede sin tomates para su lasagna? (o que sus tomates sean más plástico y químicos que tomates?)

La Universidad está saturada de estudiantes… SI
SI y a mí me alegra que la gente QUIERA ser alguien en esta vida, aunque opino que la Universidad debería ser más exigente con el nivel de profesionales que salgan de ella.

La Universidad no es para todos… SI

Y la gente cada vez está más convencida que ahora nos faltan técnicos y que el serlo no te hace ni menos ni más que un licenciado.

La Universidad debe ser elitista… NO

Yo quiero que mi vecino sepa economía, que la niña del campo sea agrónoma y plasme sus conocimientos acá en Bolivia (donde a diferencia de los agrónomos gringos… ella sí conocería nuestra realidad), que el estudiante del campo sea doctor y dejen de morir por apendicitis y diarrea en las áreas rurales.

Quiero que alguien de los que cultiva vegetales con cromo, SEPA que esto es cancerígeno y entienda lo importante de esto (y esto no va a pasar si es que el amigo solo sabe leer y escribir, si su educación llegó solo hasta ahí).

Amo “El nombre del Rosa”, y me encanta como escribe Humberto Eco, pero creo que está perdido en un mundo donde todo es Hidromiel y pan recién horneado.

Hay otras realidades Humberto – me digo mientras llevo mi plato de arroz (ya me lo comí, fue mortalmente rico) a la cocina y vuelvo a la lectura de mi libro – si vivieras en el Poniente de George R.R. Martin podría apostar que nunca fuiste más allá del muro y viviste en un constante y largo verano.

Por lo tanto y parafraseando a Ygritte... No sabes nada Humberto Eco.